La historia

Moshé Jaim Michanie tuvo que aprender a caminar tres veces en su vida, porque debió atravesar cirugías que le dificultaron la movilidad. A los cinco y once años volvió a aprender lo que la mayoría de las personas deben aprender una sola vez, cuando son chiquitos: a poner un pie delante del otro, y avanzar. Sin embargo, a pesar de la aparente falta de equilibrio, Moshi no tambaleaba: sabía que cada una de esas veces estaba caminando con Hashem (Di-s). Avanzaba, y no se quejaba.

‘‘Me quedé sin Internet’’, ‘‘se me rompió el auto’’, ‘‘me cortaron el agua’’. ‘‘Mi jefe me exige demasiado’’, ‘‘mis hijos no me hacen caso’’, ‘‘el país está cada vez peor’’. La persona promedio se queja 30 veces al día. Encontrar motivos no es difícil: lo cierto es que constantemente nos pasan cosas que nos representan un desafío. Pero Moshi y sus padres entendieron que quejarse no es la manera de reaccionar de las personas que viven con Emuná (fe) en Hashem. A pesar de las múltiples operaciones, tratamientos, análisis e internaciones que ocuparon gran parte de sus 16 años, nadie los escuchó quejarse. A ninguno de los tres. Nunca.

No quejarse no quiere decir que tengamos que ser conformistas, ni que no podamos aspirar a más. Y percibir los problemas ajenos como ‘‘mayores’’ o más graves que los propios tampoco hace que no tengamos derecho a quejarnos. El concepto espiritual por el que no deberíamos quejarnos es porque entendemos que Hashem no se equivoca, y que nunca nos abandona. Cada situación que atravesamos fue diseñada específicamente para nosotros por Hashem. Aunque la mayoría de las veces no entendamos los motivos ni encontremos explicaciones para las cosas que nos pasan, somos nosotros los que no sabemos: Hashem sí sabe, y en Él confiamos.

Cada persona tiene exactamente lo que necesita para cumplir con lo que se espera de él en determinado momento. Y eso entendía Moshi: él no se quejaba, pero no porque era simple, ingenuo o conformista. No se quejaba porque entendía que todo era de Hashem y que estaba con él en todo momento. Entonces, no le hizo reclamos de ningún tipo. Nunca.

La campaña ‘‘No me quejo’’ está inspirada en Moshi. La idea es que cada vez que estemos por quejarnos podamos detenernos, reflexionar que lo que nos está pasando también es de Hashem y que por ende es perfecto para nosotros, y decidir no quejarnos. Y hacerlo leilui nishmat (para la elevación del alma de) Moshé Jaim ben Naomi, quien entendió desde muy chico lo que a nosotros tanto nos cuesta.

Así, lo que queremos juntar son ‘‘no quejas’’: nos gustaría que cada vez que estén por quejarse y logren contenerse leilui nishmat Moshi, nos escriban. Pueden contarnos la situación que vivieron, o mandarnos una línea como ‘‘Hoy me iba a quejar porque llegué tarde, y decidí no hacerlo’’ o ‘‘Hoy me iba a quejar porque tengo mucho trabajo, y me contuve. Me inspiré en Moshi’’.

Queremos juntar 5845 quejas, una por cada pasuk (versículo) de la Torá. Pensamos que la mejor manera de honrar y seguir aprendiendo de Moshi es ejercitar el deporte en el que él era campeón: la no queja. La Emuná.